De Songwriting a Warner Chappell: el camino de Felipe Uribe como compositor
“Pues es curioso realmente, porque yo no he tenido un proceso musical tan empírico y tan instrumentista como muchos de mis compañeros. De hecho, cuando entré a la universidad me costó muchísimo adaptarme y era de los que menor nivel tenía en la carrera”.
Así recuerda Felipe Uribe sus primeros semestres en el Pregrado en Música de la Universidad de los Andes. Aunque sabía que quería dedicar su vida a la música, su interés estaba menos en la interpretación instrumental y más en la composición de canciones, un camino que, con el tiempo, lo llevaría a convertirse en monitor del curso Songwriting y a firmar un contrato editorial con Warner Chappell Music mientras aún cursa sus estudios universitarios.
“Yo me metí a estudiar música no porque supiera nada de música, sino porque sabía escribir un poquito de canciones”, cuenta.⎯ “Ya sabía que me quería dedicar a esto, pero no sabía qué hacer. Entonces dije: voy a estudiar música, que a lo mejor eso me va a proporcionar las herramientas que necesito”.
Durante su formación, encontró en asignaturas como armonía y entrenamiento auditivo herramientas fundamentales para fortalecer su trabajo creativo. Sin embargo, hubo un espacio que marcó especialmente su recorrido: el curso Songwriting, dirigido por la profesora Natalia Bautista.
“Cuando vi la clase de Songwriting dije: esta es la clase para mí. Yo sabía que era muy bueno componiendo letras, pero nunca se me había dado la oportunidad de componer algo dentro de la universidad”.
Para Felipe, el curso representó mucho más que una asignatura electiva. Allí encontró un espacio de creación constante, retroalimentación y cercanía con la industria musical.
Uno de los momentos más importantes llegó con la entrega final del curso. Mientras la mayoría de estudiantes trabajaba sobre géneros como el pop o el urbano, Natalia decidió proponerle un reto diferente: escribir un vallenato.
La canción se tituló Las corrientes. Tras escucharla, Natalia lo animó a desarrollarla profesionalmente y lo puso en contacto con el acordeonero Hugo Sandoval.
“Nunca había compuesto vallenato y estaba muy asustado. Lo único que quería era probarme a mí mismo y demostrar de lo que era capaz”.⎯“A él le encantó la canción. Terminamos trabajando juntos, desarrollamos proyectos y hoy en día somos socios en un estudio”.
Pero la historia no terminó ahí. Como parte de la presentación final del curso, Felipe tuvo la oportunidad de mostrar su trabajo a Diego Muñoz, A&R de Warner Chappell Music Colombia, invitado regularmente por Natalia para escuchar las composiciones de los estudiantes.
“Le mostré la canción a Diego y quedó muy impresionado. Me preguntó sobre mi proceso, sobre todo lo que venía haciendo, y me dijo que quería seguir de cerca mi trabajo”.
Aunque ese primer encuentro no se tradujo inmediatamente en una oportunidad profesional, sí abrió una puerta importante. Con el paso del tiempo, Felipe continuó componiendo, desarrollando proyectos y fortaleciendo su experiencia dentro y fuera de la Universidad.
Al finalizar el curso, decidió postularse para ser monitor. Hoy completa tres semestres acompañando a los estudiantes del curso, una experiencia que describe como profundamente enriquecedora.
Su rol como monitor también le permitió reencontrarse con Diego Muñoz durante una nueva presentación de trabajos finales. Esta vez, sin embargo, la conversación tomó un rumbo distinto.
“Antes de que yo pudiera mostrarle una nueva canción, él se me acercó y me dijo que había visto mi trabajo, que Natalia le había hablado de mi y que le interesaba hablar conmigo para una posible firma editorial”. ⎯“Cuando me mandaron el contrato fue el día más feliz de mi vida. Lo firmé rapidísimo, súper contento”.
Para Felipe, este logro representa la materialización de un sueño que ha perseguido desde la adolescencia.Sin embargo, más allá del reconocimiento profesional, considera que su historia deja una lección importante para quienes están construyendo su camino en la música.
“Siento que el talento existe muy poco. Yo objetivamente entré como uno de los estudiantes más flojos en muchos aspectos musicales. Pero llegaba todos los días a mi casa a practicar, a mejorar y a trabajar”.⎯“Todo esto se dio porque hice las cosas con amor. Ese vallenato, las canciones, las clases, la monitoría, todo lo hice entregando lo mejor de mí. Cuando uno hace las cosas con amor y trabaja todos los días por lo que quiere, empiezan a abrirse puertas muy bonitas. Mi consejo es que crean mucho en Dios y que, al mismo tiempo, hagan música desde esa fe; componer también es un acto espiritual que requiere una conexión profunda con Dios”.





De Songwriting a Warner Chappell: el camino de Felipe Uribe como compositor
Sebastián López
“Pues es curioso realmente, porque yo no he tenido un proceso musical tan empírico y tan instrumentista como muchos de mis compañeros. De hecho, cuando entré a la universidad me costó muchísimo adaptarme y era de los que menor nivel tenía en la carrera”.
Así recuerda Felipe Uribe sus primeros semestres en el Pregrado en Música de la Universidad de los Andes. Aunque sabía que quería dedicar su vida a la música, su interés estaba menos en la interpretación instrumental y más en la composición de canciones, un camino que, con el tiempo, lo llevaría a convertirse en monitor del curso Songwriting y a firmar un contrato editorial con Warner Chappell Music mientras aún cursa sus estudios universitarios.

“Yo me metí a estudiar música no porque supiera nada de música, sino porque sabía escribir un poquito de canciones”, cuenta.⎯ “Ya sabía que me quería dedicar a esto, pero no sabía qué hacer. Entonces dije: voy a estudiar música, que a lo mejor eso me va a proporcionar las herramientas que necesito”.
Durante su formación, encontró en asignaturas como armonía y entrenamiento auditivo herramientas fundamentales para fortalecer su trabajo creativo. Sin embargo, hubo un espacio que marcó especialmente su recorrido: el curso Songwriting, dirigido por la profesora Natalia Bautista.
“Cuando vi la clase de Songwriting dije: esta es la clase para mí. Yo sabía que era muy bueno componiendo letras, pero nunca se me había dado la oportunidad de componer algo dentro de la universidad”.
Para Felipe, el curso representó mucho más que una asignatura electiva. Allí encontró un espacio de creación constante, retroalimentación y cercanía con la industria musical.
Uno de los momentos más importantes llegó con la entrega final del curso. Mientras la mayoría de estudiantes trabajaba sobre géneros como el pop o el urbano, Natalia decidió proponerle un reto diferente: escribir un vallenato.

La canción se tituló Las corrientes. Tras escucharla, Natalia lo animó a desarrollarla profesionalmente y lo puso en contacto con el acordeonero Hugo Sandoval.
“Nunca había compuesto vallenato y estaba muy asustado. Lo único que quería era probarme a mí mismo y demostrar de lo que era capaz”.⎯“A él le encantó la canción. Terminamos trabajando juntos, desarrollamos proyectos y hoy en día somos socios en un estudio”.
Pero la historia no terminó ahí. Como parte de la presentación final del curso, Felipe tuvo la oportunidad de mostrar su trabajo a Diego Muñoz, A&R de Warner Chappell Music Colombia, invitado regularmente por Natalia para escuchar las composiciones de los estudiantes.
“Le mostré la canción a Diego y quedó muy impresionado. Me preguntó sobre mi proceso, sobre todo lo que venía haciendo, y me dijo que quería seguir de cerca mi trabajo”.
Aunque ese primer encuentro no se tradujo inmediatamente en una oportunidad profesional, sí abrió una puerta importante. Con el paso del tiempo, Felipe continuó componiendo, desarrollando proyectos y fortaleciendo su experiencia dentro y fuera de la Universidad.
Al finalizar el curso, decidió postularse para ser monitor. Hoy completa tres semestres acompañando a los estudiantes del curso, una experiencia que describe como profundamente enriquecedora.
Su rol como monitor también le permitió reencontrarse con Diego Muñoz durante una nueva presentación de trabajos finales. Esta vez, sin embargo, la conversación tomó un rumbo distinto.
“Antes de que yo pudiera mostrarle una nueva canción, él se me acercó y me dijo que había visto mi trabajo, que Natalia le había hablado de mi y que le interesaba hablar conmigo para una posible firma editorial”. ⎯“Cuando me mandaron el contrato fue el día más feliz de mi vida. Lo firmé rapidísimo, súper contento”.



Para Felipe, este logro representa la materialización de un sueño que ha perseguido desde la adolescencia.Sin embargo, más allá del reconocimiento profesional, considera que su historia deja una lección importante para quienes están construyendo su camino en la música.
“Siento que el talento existe muy poco. Yo objetivamente entré como uno de los estudiantes más flojos en muchos aspectos musicales. Pero llegaba todos los días a mi casa a practicar, a mejorar y a trabajar”.⎯“Todo esto se dio porque hice las cosas con amor. Ese vallenato, las canciones, las clases, la monitoría, todo lo hice entregando lo mejor de mí. Cuando uno hace las cosas con amor y trabaja todos los días por lo que quiere, empiezan a abrirse puertas muy bonitas. Mi consejo es que crean mucho en Dios y que, al mismo tiempo, hagan música desde esa fe; componer también es un acto espiritual que requiere una conexión profunda con Dios”.